Sobre el crecimiento de cristales: transiciones de fase

Aunque el cuarzo es posiblemente el ejemplo más común de cristal en la antigüedad, una de las pocas maneras de observar en la vida cotidiana el crecimiento de cristales era la formación de hielo. De hecho, la raíz de la palabra cristal en griego clásico es la misma que la de helada (crios). Durante muchos años persistió la creencia de que los cristales como el cuarzo eran ejemplos de cristales de hielo que por algún motivo eran más difíciles de derretir (la presencia de pequeñas burbujas de agua dentro de los cristales fue un tema recurrente en la poesía romana). Hoy en día sabemos que el agua se convierte en hielo a una cierta temperatura, la temperatura de congelación o punto de fusión, que es una constante a presión atmosférica (igual a cero grados). Decimos que a la temperatura de congelación se produce una transición de fase de estado líquido (agua) a estado sólido (hielo).

Estas transiciones de fase son algo universal: un bloque de aluminio se transforma en aluminio líquido a una cierta temperatura, su punto de fusión. Por tanto, son un buen primer paso para entender cómo se forman los materiales desde el estado líquido.

Una forma de entender esta transición de fase es visualizar el agua o cualquier substancia líquida como una sopa de moléculas que pueden tomar diferentes orientaciones en el espacio. En estado líquido, estas moléculas están desordenadas. En estado sólido, las moléculas se ordenan en una determinada configuración, formando una estructura cristalina. A temperaturas por encima del punto de fusión la configuración desordenada es más estable que la estructura ordenada. Por debajo del punto de fusión, sucede lo contrario.

Las transiciones de fase aparecen incluso en sistemas extremadamente sencillos. Por ejemplo, consideremos un sistema con las siguientes tres suposiciones: 1) el sistema está formado un conjunto de moléculas dispuestas en una red ordenada, por ejemplo formando una red hexagonal en la que cada molécula tiene seis vecinos; 2) cada molécula, en lugar de infinitas orientaciones distintas, puede estar sólo en tres configuraciones; 3) cuando dos moléculas que son vecinas tienen la misma orientación, interaccionan de forma más intensa que si tienen orientaciones diferentes. Este modelo, que se llama el modelo de Potts, es uno de los sistemas más sencillos que exhibe lo que se llama una transición de fase de primer orden, esencialmente el mismo tipo de transición que sucede cuando el agua se convierte en hielo.

A temperaturas elevadas (en este caso la temperatura es una escala distinta relativa a la intensidad con la que interaccionan dos moléculas vecinas), si dejamos evolucionar este sistema hasta un estado equilibrio, llegamos a una configuración desordenada en la que las tres configuraciones aparecen con la misma frecuencia:

Cada molécula puede cambiar de configuración y, aunque se forman aglomeraciones de moléculas con la misma orientación, éstas son dinámicas y aparecen y desaparecen con en tiempo. Las tres posibles orientaciones (cada una representada por un color distinto) aparecen más o menos con la misma frecuencia. La temperatura normalizada a la energía de interacción entre las moléculas es en este ejemplo T=0.8.

En cambio, cuando la temperatura baja a T=0.75, el sistema evoluciona de manera que primero se forman grandes regiones compuestas por moléculas con la misma orientación (cada una de las cuales equivalen a un cristal compuesto de moléculas con la misma orientación) hasta que finalmente una de las orientaciones acaba dominando y se forma un único dominio:

Si usamos la diferencia entre la concentración de la configuración más frecuente y la menos frecuente como una medida del orden del sistema, en el estado líquido este sistema se caracteriza por un parámetro de orden igual a cero (todas las configuraciones son igualmente posibles) mientras que en el estado sólido este parámetro tiende a 1. No es completamente 1 porque, de vez en cuando, en este único dominio aparecen fluctuaciones de unas pocas moléculas con una orientación diferente. Estas fluctuaciones ocurren con menor frecuencia conforme desciende la temperatura.

El modelo de Potts es una buena primera aproximación a los procesos de cristalización que involucran transiciones de fase líquida a fase sólida. Al igual que en la realidad, en este modelo sencillo esta transición sucede a una temperatura concreta e involucra un cambio abrupto de una configuración de desorden a otra de orden. Las fluctuaciones en el estado cristalino también sucede en la realidad, donde todo cristal en equilibrio termodinámico se espera que tengan una cierta concentración de defectos. Curiosamente, comparado con otros modelos como el modelo de Ising, este modelo ha pasado bastante desapercibido en el contexto de las transiciones de fase y no se suele enseñar en la carrera.

Históricamente, la transición de sólido a líquido del agua recibió mucha atención por su uso para calibrar los primeros termómetros. Aunque históricamente obviamente la idea del calor/frío como propiedad de un objeto o el ambiente estaba bien establecida, el concepto de temperatura como una magnitud cuantitativa surgió en Europa con la invención del termómetro. Al principio, los termómetros eran instrumentos artesanales con una reproducibilidad muy baja. El propio Edmund Halley se lamenta de la imposibilidad de poder medir la temperatura de manera fiable. Esto llevó, primero, a buscar puntos de referencia únicos, como por ejemplo los puntos de fusión y ebullición del agua. La siguiente pregunta obvia es cómo estar seguros de que el punto de fusión es una constante reproducible. Durante años, prácticamente hasta principios del siglo XIX, hubo un debate en la literatura científica para determinar si el punto de fusión o ebullición del agua depende de cómo y cuánto se caliente un líquido o si es una propiedad intrínseca. Finalmente, la acumulación de evidencias experimentales llevó a concluir que efectivamente el punto de fusión o ebullición son propiedades de las sustancias.

Las transiciones de líquido a sólido juegan un papel fundamental no sólo en procesos industriales como la fabricación de las obleas de silicio que se usan para las celdas solares o los chips de silicio, sino en la formación de la corteza terrestre. Todas las rocas ígneas se forman por este tipo de procesos, partiendo de magmas cuya composición empieza a variar conforme diferentes fases sólidas se van separando. La capacidad de explicar y predecir la composición final que resulta de este tipo de procesos es uno de los grandes éxitos de la termodinámica.

La importancia de los monocristales

Para la mayoría de las personas el concepto de cristal se asocia con el cristal de una ventana, algo que tiene todo el arte porque de hecho el cristal de una ventana es un vidrio, una estructura que no es cristalina porque carece de orden. Cuando un material tiene una estructura cristalina continua sin bordes se dice que es un monocristal. En nuestra vida diaria, ejemplos de monocristales son las piedras preciosas como el diamante, los rubíes o las esmeraldas, los cristales individuales de sal de cocina o los cristales de hielo. El resto de las cosas sólidas a nuestro alrededor, como pueden ser un objeto metálico, la madera, una piedra, la cerámica o un ladrillo, no parecen tener mucho en común con los cristales. Pese a ello, los monocristales son un concepto central en nuestra forma de entender la materia. También juegan un papel fundamental en los avances tecnológicos de los últimos cien años, como explicaré en otro post.

Hoy en día sabemos que la materia está compuesta por átomos y que un cristal es un conjunto de átomos formando una estructura periódica en tres dimensiones. Este conocimiento es relativamente reciente y, de hecho, las estructuras cristalinas jugaron un papel fundamental en los estudios fundacionales que demostraron la hipótesis atómica. En 2013 la revista Angewandte Chemie publicó un artículo titulado Chemical Crystallography before X-ray Diffraction en conmemoración del centenario de la resolución de la primera estructura cristalina, la del cloruro sódico o sal de cocina.

Estructura del cloruro sódico
Estructura del cloruro sólido (NaCl). Los átomos amarillos representan el sodio y los verdes el cloro.

1913 fue un momento fundacional en nuestra forma de entender la materia. En un artículo titulado The Structure of Some Crystals as Indicated by their Diffraction of X-rays, Lawrence Bragg usa la interacción entre los rayos X y un monocristal para determinar la estructura del cloruro sódico, incluyendo la posición de los átomos de sodio y cloro. Bragg no empieza de cero, algunas ideas sobre monocristales se remontan al siglo XVII, pero la interpretación de los datos experimentales require dos suposiciones fundamentales: 1) la materia está compuesta por átomos y 2) los átomos en un cristal están dispuestos de manera periódica de manera que una unidad estructural, llamada la celda unidad, se repite en las tres dimensiones. Es importante resaltar que la resolución de la estructura del cloruro sólido no demuestra por sí misma la existencia de los átomos: lo que hace es demostrar que la hipótesis atómica permite interpretar con gran precisión la forma en la que los rayos X interaccionan con la materia. Por tanto, cualquier persona que presente una hipótesis alternativa tiene que poder predecir los espectros de difracción al menos con la misma precisión que la hipótesis atómica.

Imagen de William Lawrence Bragg
William Lawrence Bragg. Fuente: Fundación Nobel via Wikimedia Commons. Dominio Público

A partir de 1913 se desata una carrera para determinar la estructura cristalina de todos los sólidos conocidos. Cien años más tarde, usando métodos y herramientas más refinadas pero basadas en los mismos principios de Bragg, se han determinado más de un millón de estructuras cristalinas de diferentes materiales. Los mismos métodos se usan también para la determinación de estructuras de moléculas, siempre y cuando se pueda conseguir un cristal lo suficientemente puro y homogéneo. Esto contribuyó a impulsar el interés por las técnicas de cristalización, cómo conseguir que del estado líquido o a veces gaseoso se pueda crecer un cristal lo más puro y con mayor calidad posible.

Los monocristales también juegan un papel muy importante en nuestra aproximación al estado sólido, ya que son una representación idealizada de un material, una fase continua y homogénea que en muchos casos es la forma más estable de un material. Una pieza de metal como cobre es un material policristalino, compuesto de múltiples cristales o granos. Dependiendo de cómo se hayan trabajado, dos piezas distintas de cobre pueden tener granos de tamaños y formas muy diferentes, lo cual afecta a las propiedades del material. Históricamente, esto ha sido una de las grandes barreras para el avance de nuestro entendimiento científico (que no técnico o empírico) de los materiales. Sin embargo, si la composición e impurezas son las mismas, la estructura de cada grano en las dos piezas es la misma: estudiar las propiedades de un monocristal permite por tanto que nos centremos en lo que todas las piezas de cobre tienen en común.

Esta idealidad de los monocristales ha hecho que históricamente hayan tenido mucha importancia cultural. Múltiples culturas, desde el mundo greco-romano a la India, China y mesoamérica, han valorado gemas y piedras preciosas como símbolos de estatus, poder y lo sagrado. En su Historia Natural, Plinio describe la apariencia de varios cristales conocidos en la época romana. Actualmente, el monocristal que más impacto tiene en nuestra sociedad es sin duda el silicio. Monocristales de silicio son la base de la industria de semiconductores así como de una fracción importante de la ciencia de materiales.

Antes he mencionado que uno de los puntos de partida de Bragg es la suposición de que los cristales están formados por la repetición en tres dimensiones de una celda unidad. Bragg no tiene que empezar su análisis desde cero, sino que pudo utilizar el conocimiento de su época sobre estructuras cristalinas. Aun sin tener acceso a técnicas como la difracción de rayos X, durante el siglo XIX comienzos del siglo XX se desarrollaron conceptos claves para entender la estructura de los cristales. Por ejemplo, a finales del siglo XVII, en su Essai d’unne theorie sur la structure des crystaux, Haüy encontró que ciertos minerales se rompen de tal manera que sus fragmentos tienen la misma forma. Esto llevó a concluir que los cristales están compuesto de unidades estructurales que se repiten en el espacio. Los trabajos de Frankenheim en 1826 y luego Bravais en 1848 determinaron que sólo hay 14 simetrías compatibles con estructuras periódicas en tres dimensiones. El trabajo de Frankenheim fue principalmente empírico, mientras que Bravais, que identificó el número correcto (14 frente a las 15 the Frankenheim), usó una aproximación matemática al problema. Cada celda unidad puede estar compuesta por múltiples átomos con su propia simetría. Fyodorov en 1891 determinó que en total hay 230 grupos espaciales de simetría compatibles con redes de Bravais. Estos conceptos crearon una forma de pensar que ayudó a científicos como Von Laue y Bragg a desarrollar métodos para extraer la estructura cristalina a partir de la interacción de cristales con los rayos X.

La materia de la que están hechas las cosas

Nuestras vidas dependen por completo de cosas que no sabemos cómo hacer o construir. En la antigüedad, la mayoría de la gente estaba rodeada de cosas que o bien habían hecho ellos mismos o venían de algún lugar cercano: ropa, herramientas, cerámica, etc. Ahora prácticamente todo viene de un almacén o centro de distribución. Nuestro conocimiento acerca de cómo se fabrican las cosas y la ciencia que las hacen posibles es muy limitado.

Esto es algo que tiene consecuencias reales: cuando la forma de conseguir cosas es principalmente a través del comercio, la sociedad deja de dar importancia a la ciencia e investigación porque nuestro futuro deja de depender de ellas. Sin embargo, la mayoría de los avances de los últimos cien años, desde energías renovables a los teléfonos móviles, se han producido gracias a nuestra habilidad de desarrollar nuevas formas de controlar la materia y la aplicación de este conocimiento a escala industrial.

My objetivo con este sitio es resaltar la ciencia de cómo los átomos se juntan para crear la materia de la que están hechas las cosas, su historia, y el impacto cultural y social de la síntesis de materiales. Ahí vamos.